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Enojo es una reacción natural de supervivencia
Norma Evaristo
Los seres humanos somos seres emocionales, desde que nos levantamos. Cuando suena el despertador, en el camino a la escuela o al trabajo, experimentamos emociones que nos guían a realizar o no ciertas actividades, a hablar con alguien o a rechazarlo, así como a comprar algo o a deshacernos de lo que no queremos. Existen emociones positivas básicas y emociones negativas básicas. Las emociones negativas básicas son aquellas que producen una experiencia emocional desagradable pero que son necesarias.
Sin ellas seríamos fáciles víctimas de quienes buscan aprovecharse de la gente, no podríamos superar las pérdidas de los seres queridos e incluso tendríamos constantes accidentes por no reaccionar ante señales de peligro, señaló el maestro Gerardo Leija Alva, instructor del curso “Introducción a la psicocardiología: la relación entre el cerebro y el corazón”, de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. “Una emoción es una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios orgánicos, tanto fisiológicos como endocrinos, de origen innato, que son influidos por lo que nuestros padres nos han enseñado o de todo lo que aprendemos de nuestro medio sociocultural. Las emociones tienen como función auxiliarnos en la adaptación a las demandas del medio que nos rodea”, acotó el experto de la Dirección de Educación Continua de esta casa de estudios. En el caso de un estado de enojo, el cuerpo reacciona inmediatamente, ya que los riñones secretan una sustancia llamada renina. Esta hormona es transformada por el hígado y los pulmones en otra denominada angiotensina, una sustancia que provoca el estrechamiento de los vasos sanguíneos. “Es entonces que el corazón acelera el ritmo del latido y aumenta la tensión sanguínea, ocasionando ese momento en que decimos que nos ‘hierve la sangre’, lo que prepara al cuerpo para un inminente conflicto”, apuntó Leija. El maestro señaló que el estrechamiento de los vasos sanguíneos a su vez tiene como objetivo reducir la pérdida de sangre en caso de que haya una herida y mejorar el suministro de oxígeno a los músculos para poder utilizarlos, ya sea para correr o para propinar un golpe. La persona enojada también fácilmente se obceca y no atiende razonamientos. Este aspecto, que para muchos pudiera parecer ilógico, tiene una respuesta interesante. “Visto desde la supervivencia, esta reacción es totalmente lógica, pues quien está de lleno en una batalla no debe pensar en las posibles consecuencias, porque se puede presentar una baja motivación, que implicaría una seria desventaja para sobrevivir”, aclaró el especialista.
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