Ayer, mientras tomaba mate con mi tía Fidelina, ella me sorprendió con una pregunta: “¿por qué los amigos duran más que las parejas?”.
Haciéndome el erudito contesté: “eso, tía, es como mezclar acero y caramelos”. Ante lo cual ella, que es memoriosa, se acordó que ésa era la frase de un viejo ministro, y me dijo que yo no le estaba respondiendo nada.
Inmediatamente aclaré: “creo que la amistad y el amor de pareja tienen algo en común, y es que ambos sirven para hacernos soportable nuestro terrible vacío existencial”.
Allí fue cuando Fidelina me confesó que a ella el vacío le gustaba jugoso, pero que desde hacía tres años se había vuelto vegetariana porque le faltaban muchos dientes. Y me reclamó otros argumentos.
Entonces volví a la carga: “lo que quise decir es que ese nuevo amor que tanto idealizamos, es el monumento de una presencia que testimonia una ausencia”, y me quedé callado, mirándola fijo. Ella dio un largo sorbo a la bombilla y luego de unos segundos señaló: “Ausencia, es el título de un lindo bolero, pero sigo sin entender”.
Ahí, tragué mi bizcocho y continué: “intento decir, tía, que amigos, amores, tienen algo en común, nos ayudan a olvidar la muerte”.