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Madres solteras
Psic. Alejandra Carmona Collado

Sociedad Psicoanalítica de México* En la antigüedad e incluso hasta hoy en ciertos contextos, las madres solteras son víctimas de discriminación, y basado en distintos orígenes, desde mandatos religiosos hasta prejuicios sociales.
En muchas sociedades actuales existe un cuerpo legal que elimina la discriminación hacia las madres solteras y sus hijos, e incluso algunos gobiernos nacionales (incluso de países del Tercer mundo) cuentan con programas de ayuda institucionalizada para hogares donde las mujeres son las jefas, que incluyen ayuda estatal, becas de estudio para los hijos, créditos bancarios para que las mujeres inicien pequeñas y medianas empresas, y otros. De la misma forma, cada día es más común que una mujer decida establecer una familia sin la presencia de un hombre, y cada día la opinión de la sociedad en torno al tema se vuelve más abierta y receptiva. Las madres solteras ascienden a cerca de 880 mil mujeres. Alrededor de nueve de cada diez tienen hijos menores de 18 años, y seis de cada diez viven en el hogar de su padre o madre. Casi todas trabajan (71.8%), y aunque tres de cada diez viven en condiciones de pobreza, esta proporción es ligeramente menor al promedio nacional de madres con hijos en el hogar (35.4%). El contexto psicológico
Hay diferentes madres que son solteras. Está la madre célibe, a menudo independiente, financiera y moralmente, que después de una aventura rápida mal aceptada conserva a su hijo y prescinde del hombre. Esta mujer a menudo ha hecho todo lo posible para no correr el riesgo de algún tipo de dominación por causa de un hijo. (Soulé, 1972) Ha elegido su propia suerte, al menos conscientemente; y reivindica altiva su derecho a criar sola a su hijo. Otro caso es el de la mujer débil que, en un momento de abandono o confusión, por desconocimiento o por obra de las circunstancias descubre que es madre sin conservar el apoyo con el que contaba. Su destino más general es casarse después o mantener otro tipo de relación duradera y reencontrar por fin el apoyo que deseaba. La ayuda sensata relativa a los proyectos tanto materiales como morales, psicológicos y sociales, a esta joven madre le permiten atravesar los primeros meses y años difíciles. (Soulé, 1972) Finalmente, está la madre de escasos recursos cuyas posibilidades mentales, afectivas y profesionales son limitadas. Carece de toda autonomía real y socialmente está a la merced de todas las influencias. Es muy frecuente que haya tenido uno o más hijos en circunstancias análogas, y cuanto se pueda hacer por ella tropezará con una ausencia de estructura personal, falta de voluntad y posibilidades mediocres.
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