
Los colores se clasifican en cálidos y fríos, rojo, naranja y amarillo son cálidos, y éstos suelen dar la sensación de que las flores se encuentran más cerca de lo que en realidad están. Estos colores vigorizan su jardín.
Los colores, blanco, azul y violeta son fríos, y éstos producen un efecto calmante y dan la sensación de que las plantas están más lejos en el jardín.
Un esquema cromático que combine colores cálidos y fríos o tonos intensos con tintes pálidos dará lugar a un jardín lleno de dinamismo visual.
Por ello es recomendable plantar flores de tonos neutros o tenues entre colores vivos para evitar la falta de armonía y realzar los colores más brillantes.
La combinación de plantas que florecen a distinto ritmo garantiza un estación llena de color; los contrastes de color del follaje (gris, azul, plateado o dorado)
son a menudo tan impactantes como los de las flores, y más duraderos.
Las zonas de sombra pueden presentar un aspecto más luminoso si utilizas plantas de colores claros (rosa claro, amarillo claro, malva, azul pálido o blanco).
Los tonos pastel expuestos al brillo de la luz solar se ven apagados y descoloridos. Para obtener mejores resultados, no elijas más de tres colores
básicos diferentes, juega con los tonos de cada uno.
Repetir los mismos colores, aunque con distintas tonalidades, se le
da unidad al jardín. No combines plantas de colores brillantes con otras de colores
menos intensos: los colores brillantes acapararían toda la atención.