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21. Agosto 2008

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Los niños también necesitan límites

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El abandono de tácticas excesivamente autoritarias no debe desembocar en una permisividad contraproducente para padres e hijos.

Una de las grandes dudas de padres y madres en la educación y socialización de sus hijos e hijas es referente a los límites que deben imponerles en sus actitudes y comportamientos. ¿Cuándo hay que recriminar, advertir o castigar a un niño? ¿En qué momento el ejercicio de la autoridad pasa de lo necesario a lo abusivo?

¿Cómo podemos guiar a nuestros hijos sin generar tensiones innecesarias? Las preguntas se amontonan y no siempre se encuentran respuestas. Un primer paso para afrontar estas dificultades consiste en tomar conciencia de que no es beneficioso, para pequeños ni para adultos, proteger y excusar por sistema la actitud de los hijos e hijas.

Las consecuencias de la permisividad total y la sobreprotección pueden ser muy negativas. He aquí dos ejemplos reales y cada vez más habituales. En el primer caso, un niño de unos ocho años se acerca a una mochila en un centro comercial y le arranca un elemento decorativo. El dependiente le llama la atención y le pide que se lo devuelva. El niño acude a su padre diciendo que el empleado le ha maltratado. Acto seguido, el padre se encara con el dependiente y le desautoriza de malos modos, en público y delante de su hijo. ¿Qué aprende este niño? Que su padre le defenderá aunque se comporte mal.

Es decir, que portarse mal no está mal.

En el segundo, un padre es juzgado por abofetear a un profesor. La razón: el docente había amonestado a su hija porque no quería entrar en clase tras el recreo. El padre no acude al juicio. El profesor no pide sanción: sólo quería que el progenitor le pidiera disculpas delante de su hija, para que ésta supiera la diferencia entre un comportamiento correcto y otro incorrecto. Pero no hay disculpas y el profesor ha cambiado de colegio. La niña sigue en el centro.

Del autoritarismo a la libertad

Estos son sólo dos muestras de un fenómeno social creciente y preocupante que no tiene una sola explicación. Muchos investigadores aseguran que la experiencia familiar de los actuales progenitores ha influido de forma notable. Hace veinte años, adultos formados con una educación familiar estricta se estrenaron en la tarea de ser padre o madre, convencidos de que había que superar el autoritarismo que habían sufrido. Eso empujó a muchos de ellos a dejar hacer, a no llevar la contraria al hijo o hija para que no sufriera traumas psicológicos, a no usar los castigos como método de aprendizaje, a satisfacer caprichos, a proteger a los hijos e incluso desprestigiar en algunos casos a otros educadores, principalmente maestros.

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javiera

yo digo q los niños aprenden hablando no pegandole ni castigandolos yo lo digo por que soy niña y aprendi hablando leyendo y escuchando


Gabriela

muy buen articulo, felicidades!!! a veces es duro, a nosotros nos tocó una educación tan estricta que es dificil no caer en los errores de nuestros padres o a la inversa, tratando de evitarlos y caer en permisividad que daña el futuro de los niños.


Irene

Buen articulo pero a veces cuando el problema ya esta muy arraigado es mas dificil ponerlo en practica. Pero creo que con paciencia y perseverancia lo llegamos a lograr.


dinorah

el art es bueno ya que nos orienta a como educar a nuestros hijos para que esta tarea tan importante se nos haga mas facil.


YULMA

Me da mucho gusto que cada dia se publiquen mas los temas referente a la educacion .lo dificil es ponerlo en practica cuando se pierde la pasiencia o cuando el padre no coopera en la educacion de los hijos. mi hijo tiene 3 años y me a costado mucho esfuerza y trabajo a enseñarle a comportarse en publico


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