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El amor tiene mil caras
Luis Buero

Todos los años, el 14 de febrero, se celebra San Valentín. Ahora bien, cuando hablamos de los enamorados y de su día, ¿a quién nos referimos? De pronto, tal vez, nos viene a la mente de la imagen idílica y trágica de Romeo y Julieta, los adolescentes incomprendidos por dos familias enfrentadas, que la pluma de Shakespeare inmortalizó. Pero hay muchos otros tipos de enamorados. Yo conozco algunos. A saber:
• El enamorado asistente social. Me refiero a aquel hombre que sufre el síndrome de Robin Hood, el eterno príncipe de Cenicienta que siempre se engancha con chicas analfabetas o indocumentadas o discriminadas o pacientes internadas en coma cuatro. En síntesis, las clásicas mosquitas muertas que lo manejarán como si él fuera Pinocho o el Topo Gigio. • El adicto al sexo. Típico especímen que sólo piensa “en eso”, y nunca aprobó gramática porque cuando le piden que diga donde va el sujeto en una oración, él siempre contesta: arriba o abajo. • Los de almanaques desparejos. Ella es tan joven que cree que la telepatía es un televisor destinado a las hermanas del padre, y él es tan viejo que el documento de identidad está escrito en latín y números romanos. • Los prohibidos. Son casados pero no entre sí, o él es el profesor y ella tiene que aprobar Anatomía, o son del mismo sexo, o ella es la prima-hermana y él supone que el incesto no es pecado porque juega en la liga gallega de la NBA. • Los vinculados por la vocación. Los dos son psicólogos, o bailarines de salsa, o pastores religiosos, o ladrones como Bonnie and Clyde). • Los que se profesan un amor, digamos, político. Bill y Hillary, Nestor y Cristina, Carlos Saúl y la Chechu, etc.
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