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20. Noviembre 2008

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El fino arte de la cortesía

Esmeralda Figueres

El acelerado mundo que nos toca vivir ha contribuido en gran medida a relajar las reglas de cortesía, vistas hoy en día con cierto desprecio y poco valoradas en muchos ámbitos humanos. Escuchamos la palabra y pensamos en caravaneos y otras cursilerías, pero la realidad es más honda. Lo mismo ha sucedido en el ámbito laboral. Ahí la efectividad, la rapidez y los resultados han hecho sucumbir las buenas costumbres y el respeto de la forma y el fondo.

Las mudas también están relacionadas con las modificaciones que han sufrido las empresas en relación con las prácticas de mando. Hace unos años estaban definidas jerárquicamente por una sola persona o un pequeño grupo, mientras que hoy es posible ver prácticas más horizontales en las decisiones, lo que es bueno si no se interpreta equivocadamente. Lo cortés no quita lo valiente, es decir, la horizontalidad no significa el relajamiento de “aquí todos mandan”.

La etiqueta y las reglas de protocolo han debido replantear sus objetivos y su ejercicio; ambas son una excelente herramienta para el trabajo y la vida personal. Y es que conforman la plataforma desde la cual despegamos para relacionarnos laboralmente con jefes, jefas y compañeros. Así, ofrecer café a nuestras visitas, abrirle la puerta a una compañera, acompañar al despedir, agradecer, no recibir llamadas durante las juntas, ser puntual (es decir, respetar el tiempo de los demás), cumplir acuerdos consensuados, entre otros, son parte de la gran pirámide que permite lograr una buena imagen dentro de la organización.

Aceptarás, estimada lectora, que es una obligación laboral atender asuntos que incluso pueden parecerte aburridos, poco interesantes o lejanos a tu diario trabajo individual; sin embargo, si son importantes para la empresa deben serlo para el conjunto. La molestia de organizar una junta y enlistar los temas prioritarios para la empresa es una labor que merece respeto; la atención sobre esos temas y la puntualidad son muestras inequívocas del grado de compromiso mostrado al equipo de trabajo.

Las reglas de cortesía actuales también han modificado la relación entre los géneros. Ahora no se espera que un hombre se levante de su asiento cuando una mujer entra a la sala de juntas; tampoco que el más próximo le retire la silla o le encienda el cigarrillo. Ante los nuevos tiempos se requieren modernas formas de relación que implican también una adaptación mental sobre la forma de socializar entre hombres y mujeres. Y este rubro no es la excepción.

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