¡Que ya se acabe el domingo!
Hay un padecimiento muy común en la vida moderna que ha sido ampliamente reconocido por la psicología. Voy a describir de qué se trata, a ver si reconoces algunos de estos síntomas en ti o en tu pareja.
Estás en casa en un día de descanso y de repente empiezas a sentirte intranquila, sin saber qué hacer. Si estás sola es probable que te sientas abandonada, como que allá afuera todos están teniendo una vida y “yo aquí sola, sin perro que me ladre”. Cuando, por el contrario, estás rodeada de familia suele suceder que te sientes agobiada; “es que no puedo tener un espacio para mí sola, para estar en paz”. Por eso quizá te urja salir a la calle.
Si te decides y lo propones, resulta que cada miembro de la familia quiere ir a un lugar diferente; es un triunfo ponerse de acuerdo. Finalmente salen a pasear, pero al poco rato ya quieres regresar. No lo dices pero se nota en la impaciencia de tu voz, en el hastío que denota tu mirada. Crees que nadie se da cuenta pero todos aceptan aliviados cuando dices: “¿qué tal si regresamos ya?”.
Si resistes el impulso de salir y te quedas en casa, tienes una indefinida sensación de apremio: hay que aprovechar para hacer el montón de cosas pendientes… pero no atinas a hacer nada. Si acaso, te tumbas frente al televisor a ver cualquier cosa. Y luego te preguntas por qué estás tan irritable y de mal humor.
Parece que no hay manera de sentirte a gusto, ¿verdad? Empiezas a ansiar que ya sea lunes para reanudar tus actividades cotidianas, aunque al mismo tiempo anticipes con flojera levantarte temprano y emprender una nueva semana, que después ansiarás que termine para poder “descansar”.
Si algo de esto te ha pasado, seguramente ya te estás preguntando cuál es su origen pues sabes que la situación también es incómoda para quienes viven a tu alrededor, y sobre todo querrás saber cómo puede remediarse.
De acuerdo con investigadores del comportamiento humano, el malestar se llama neurosis del domingo y es consecuencia del acelerado ritmo de vida actual. Por vivir a las carreras hemos perdido la capacidad de disfrutar el tiempo libre con otros, o simplemente de estar con nosotras mismas.
La intensa actividad diaria exige que nuestra mente esté siempre ocupada y orientada hacia lo que sucede externamente. Por eso, cuando de pronto los estímulos externos cesan o disminuyen, se experimenta un gran descontrol y sensación de vacío, de mal humor o incomodidad. El malestar puede llegar a ser grave; las estadísticas muestran que ocurren más suicidios en días de asueto que en los de trabajo.
Lo bueno es que una vez que reconoces los síntomas e identificas sus causas, puedes hacer algo para aliviarlos.
Por ejemplo, si estás sola ¿qué tal iniciar la lectura de un libro sobre un tema que te interese o bien una buena novela? ¿Qué tal escribir, para ti o para otros? ¿Qué tal una limpieza facial o un masaje largo y sabroso a tus sufridos pies? Resístete firmemente a pasar horas frente al televisor; esto es sólo una evasión momentánea que induce a la pasividad. Cuando miras al espejo tus ojos enrojecidos luego de horas frente a la tele, encuentras que tu insatisfacción se mantiene, ¿a poco no?
Si estás acompañada, podrías proponer alguna actividad para compartir en familia. Hay muchos juegos de mesa que resultan gratos y retan tu inteligencia e imaginación. Por supuesto que también están los antiguos, como el Basta, las distintas Damas, el ajedrez y los juegos de baraja, por sólo recordar los más conocidos.
Con un poco de imaginación encontrarás formas para disfrutar tu ocio y dejar en el pasado esa horrible sensación de desear que llegue el domingo… para odiarlo cuando ya lo tienes en tus manos. ¡Compártenos tus experiencias, seguro a alguien le serán de utilidad!





