Cuando los hijos son arma de venganza

Mar 09, 2010 No Comments by AngelaMarulanda
Ángela Marulanda *
Cuenta una historia que dos mujeres fueron llevadas ante el rey Salomón pues ambas reclamaban a un mismo bebé como su hijo. El sabio monarca ordenó que la criatura fuera partida en dos y se le entregara una mitad a cada una. Entonces una de las ellas le suplicó que no despedazaran al niño y se lo entregaran intacto a la otra reclamante; así el rey determinó que ella era la madre y quien merecía tenerlo
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Las peleas por los hijos son pan de cada día entre las parejas separadas que se disputan, entre otras cosas, quién “se adueña” de los hijos.
Lo cruel es que en estos conflictos muchos padres, sin saberlo, “parten en dos” a los hijos, con tal de perjudicar a la ex pareja. De este modo, los hijos son utilizados como munición para herir a quien fue su cónyuge, ignorando que en ese proceso destrozan a quienes dicen amar “más que nada” en la vida.
Lo usual en las separaciones matrimoniales es que el papá utilice el dinero como arma de venganza, y no dé lo que le corresponde aportar para el mantenimiento de sus hijos.
Con ello logra que sus hijos queden aún más abandonados: no sólo ya no tienen a su papá al lado, sino que además se quedan con una mamá agobiada por sus problemas económicos.
Ella no podrá ofrecerles la presencia emocional que les urge más que nunca. Las mamás, a su vez, por lo general ejecutan su venganza impidiendo que los papás estén con sus hijos, desconociendo que verlos y estar con ellos no es un privilegio sino un derecho, que tienen tanto el papá como los niños. En esta forma convierten a los hijos en un bien cuya compañía se alquila por un precio.
Además, al utilizarlos como chantaje para que el papá cumpla con sus pagos, los están involucrando en una pelea que no es de ellos ni pueden solucionar. Estos conflictos destrozan a los hijos, no hay duda. Destrozan su fe en los seres humanos, porque será difícil confiar en alguien cuando las personas que “más los aman” no tienen reparo en herirlos con tal de saciar su sed de venganza.
Destrozan sus ilusiones sobre lo maravilloso que puede ser casarse, porque para ellos ha sido una experiencia en donde cada uno aporta su odio para acabar con el otro, y no su amor para el bien del otro. Destrozan su esperanza en un mañana mejor, porque cuando se crece en un hogar cargado de resentimiento, como el suyo, va a ser difícil poder esperar que en el mundo exterior las cosas sean distintas.
Con mucha frecuencia aseguramos que hacemos las cosas “por el bien de los hijos”. Si del bien de los hijos se trata, ayudémoslos a recuperar la fe en sus padres, dejando de contraatacar al ex cónyuge mientras nos justificamos alegando que “todo” es su culpa. Revisemos qué podemos y debemos cambiar nosotras para calmar los ánimos.
Que la historia del rey Salomón sirva para darnos cuenta de que, al jugarnos el todo por el todo para salvar el bienestar de los hijos, estamos salvando y preservando lo que más amamos en la vida.
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