La sexualidad de las divorciadas

Mar 02, 2010 No Comments by CristinaGrela

Cristina Grela*

Probablemente, el divorcio es uno de los cambios críticos más importantes de la vida de las personas, y como tal, una oportunidad de enfrentarse a una misma, crear nuevas instancias de encuentros, resignificar relaciones y recrear la vida

Poco interés ha despertado en el mundo de la investigación sexual la situación que, en nuestras regiones, vive más del 30% de las mujeres: son las mujeres sin pareja y jefas de hogar, con hijos a su cargo. Estas cifras no presentan grandes diferencias de clases o etnias.

Es posible que, tras un largo proceso de esfuerzos por sostener a la pareja, queden sin ella (por opción o por abandono). Se contraponen a otras muchas señoras, católicas o no, que viven una vida de a dos, con intimidad insignificante y práctica sexual insatisfactoria, que mantienen socialmente un matrimonio “como Dios manda”, a veces sabiendo de la segunda casa (o frente), donde su esposo vive con permiso su doble vida y moral sexual. Dirijamos por esta vez nuestra mirada a las huestes de mujeres que, luego de un matrimonio al que dedicaron energía, fuerza y postergación personal, quedan al cuidado y responsabilidad de los hijos que dependen afectiva y económicamente de ellas.

Estas divorciadas han roto con el “mito del amor con un solo hombre y para siempre”; y aun aquellas que lo hacen por propia voluntad y decisión, tienen muchas ambivalencias, dudas, urgencias y prioridades, y encuentran un mundo para el cual son una amenaza. No cuentan con apoyo afectivo. En general su propia familia de origen las cuestiona y las hace cargo de “la falla del matrimonio”, generándose muchas veces verdaderas situaciones de violencia y abandono. Para su propia madre, ella se presenta como el testimonio de que “se puede”, y tal vez ella no se animó y soportó demasiado.

Algunas de sus amigas muy cercanas son capaces de apoyar y comprender. Deben salir a buscar trabajo o mejorar el que tienen fuera de la casa, afrontar las necesidades y conflictos de la nueva vida de sus hijos, y enfrentar los casi siempre presentes litigios con el ex cónyuge, sea por lo que sea. Esto genera más culpas, por dejar más tiempo a los hijos sin su presencia, o bien bajar las posibilidades que antes daba el dinero sumado de ambos padres. Las parejas que hasta ayer fueron amigas, se alejan. No comprenden, al comienzo, que su actitud despierta una nueva amenaza para esos amigos, pues cada pareja siente que puede sucederle lo mismo, porque su permanencia en ese estado es endeble. Está viviendo un duelo.

Cualquiera haya sido el desencadenante del hecho, es necesario conocer que el proceso de cambio y de adaptación a su nueva vida llevará su tiempo; en promedio son tres años.

También tiene sus necesidades y reacciones Su corazoncito tiene varias esperanzas: encontrar un buen hombre, comprensivo y tierno, vivir una vida sexual mejor, tal vez experimentar el placer por primera vez… Poner a vivir sus fantasías de probar otras experiencias, y muchas veces terminar con ese peso de haberse relacionado sincera y obedientemente… con un solo hombre. Rabia y muchas ganas de vengarse y mostrarle y mostrarse que es capaz de encontrar una pareja mejor…

Otras ideas propias e intransferibles. Cuando anuncié al pasar lo de huestes no fue en vano, pues en cuanto la mujer divorciada logra superar las culpas, dejar a los hijos en orden, organizar sus primeras y nuevas salidas de mujer libre, arreglarse y prepararse… se encuentra que, con ese mismo fin, deambulan muchas mujeres. Basta mirar las mesas de los bares, las butacas de los cines y teatros… y va comprobando con el tiempo que el hombre solo y sin compromisos ha desaparecido de los lugares esperados. ¿Dónde están? (A esto no vamos a dedicar este artículo…)

Comienza aquí un desafío a la autoestima, a los tiempos propios, a las preguntas sobre sí misma, a las razones del divorcio, y a repensar la vida propia y redefinir el proyecto personal, identificándolo con los gustos y necesidades propias y separándolo de lo que los demás esperan de ellas para realizarse. Es romper también estos mitos de servicio a los demás.

Probablemente el divorcio es uno de los cambios críticos más importantes de la vida de las personas y como tal, una oportunidad de enfrentarse a una misma, crear nuevas instancias de encuentros, resignificar relaciones y recrear la vida. Sería interesante que la búsqueda y encuentro de un nuevo amor nos encontrara liberadas de los viejos esquemas, más independientes y dispuestas a mantener esta vez autonomía, para mantener también una vida propia.

Si se encuentra ese amor, ¡bienvenido y mucha suerte! Nunca hay que desesperarse y lanzarse a actitudes compulsivas, de las cuales salimos heridas. Es indispensable cuidarse y quererse mucho, y solamente estar abiertas a lo que necesitamos y queremos. También, saber decir con tranquilidad: NO. Darnos el permiso de tener sentimientos nuevos, redimensionar el amor a las personas, descubriendo la sensualidad que damos y recibimos cuando nos relacionamos cotidianamente. [...]

También, acordarse de que, aunque es otra cosa que relacionarse en pareja, el autoerotismo es un válido recurso propio, personal y creativo. Nos permite conocernos más, saber de nuestras particularidades sexuales y ayudarnos a decidir qué es lo qué queremos y necesitamos, además de canalizar nuestra energía sexual.

Disfrutar del vivir solas y a nuestro aire, sin pedir permiso y a nuestras anchas… ¡Tenemos todo el derecho y nos lo merecemos! ¡Es la primera vez que nos pasa y está bueno! Siempre fuimos hijas de… hermanas de… esposas de… Hay que buscar, crear y mantener relaciones fuertes.

Es posible vivir sin relaciones sexuales tradicionales, o sea coitales. Pero es imposible vivir bien sin relaciones significantes. Esto implica concebir, cultivar, ver florecer y disfrutar amistades profundas y muy sinceras, en donde cada una/o pueda ser tal como es; mostrar sin miedo su vulnerabilidad y expresarse tal cual es: triste, alegre, enojada, y no ser rechazada por ello.

Vivir la sensualidad y la ternura al máximo y unirse a los amores del mundo, de la naturaleza, del sol y el aire, de las calmas y las tormentas, y darles el valor de compartir la esencia de ser personas vivas y trascendentes…

¿No será eso lo que realmente necesitamos?

* Ex coordinadora de la red Católicas por el Derecho a Decidir CDD) de América Latina.

Sexo y amor, pareja
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